sábado, 6 de junio de 2015

Perdida






La niebla me envuelve, nubla mis sentidos. ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto? No veo nada. Avanzá, no te quedes quieta. ¿A dónde? ¿A dónde voy? ¿Y si me encuentro…? Caminá, no te quedes que puede ser peor. ¿Peor que qué? 

Camino. Hay barro y hace frio. Mis pies se hunden y mi cuerpo se desestabiliza. Me caigo y mis manos y mi cuerpo se embarran. Parezco desnuda pero todo es gris. Aun mis manos que están ahí pero que parecen ajenas. Escucho un ruido ¿Quién está ahí? No hablo. Silencio. Demasiado. No sé qué me pasa, no sé qué pasó. ¿Por qué me sucede esto? Quiero recordar. ¿Qué fue lo último? No lo sé… lloro. Tiemblo. Siento una brisa helada que se cuela entre mis huesos y entre mis pensamientos. Mi cuerpo se convulsiona, tiene movimientos propios como si fuese una marioneta. Otra vez el frio. Algo helado recorre mi cuerpo, mis venas. ¡Volvé! ¿A dónde? Quiero despertar ¿es un sueño? ¿Y si no lo es? ¿Y si esta es la realidad? Es horrible.

Continúo caminando sin rumbo, sin sentido alguno. Mi cuerpo lentamente responde, se desentumece. Me veo y ahora tengo una túnica clara, andrajosa. Apareció de la nada como la niebla y el barro. Sigo. Miro el horizonte indistinguible del resto, de la maldita bruma. Hay algo frente a mí pero no alcanzo a verlo. No lo distingo. La niebla es muy espesa aun. Un destello, quizás una luz. Camino más. Apuro el paso pero me duelen las piernas que también son grises y ajenas. Un rayo parte el cielo, sin embargo no hay trueno. Se ilumina todo pero el silencio solo se interrumpe por mis pensamientos y esta voz. Dale, seguí. Quiero llegar pero ¿a dónde?

Miro la luz. ¿Será mi salvación? Lo es, continuá. No te detengas, no pienses tanto. Volvé. ¿Quién sos? No importa. Movete porque si no…  ¿Qué me va a pasar si me quedo quieta? Vos lo sabés muy bien. No, no lo sé. Sos inteligente, lo sabés.  ¿Soy inteligente? ¿Vos me conocés? No importa… no gastes energías en eso. Después… ¿Después qué? Después vas a entender. 

Necesito saber, necesito entender qué pasa ahora. No es posible. Ahí está la luz otra vez. ¿Por qué no puedo recordar? ¿Qué querés recordar? ¿Porque es tan importante que recuerdes? Haceme caso y seguí caminando. Hace frío. Mis pies están entumecidos, me duelen. Algo me pincha en los brazos. Miles de agujas se clavan en mi carne pero no hay sangre y todo sigue gris. Sin embargo la luz es maravillosa. Seguila. Ahora tiene un poco de color, es amarilla. Es tenue, débil pero presente. Me emociona el color. Es hermoso. ¿Debería seguir hasta la luz? Seguí. Es importante que lo hagas. ¿Lo es? Avanzá, no te detengas más. Miro atrás. Es negro, es abismo, es terror puro. ¿De ahí vengo? ¿De la oscuridad? No entiendo… No mires atrás, no lo tenés que entender. ¿Vos me ayudaste a salir del abismo? No. Lo hiciste sola. ¿Seguro? Solo te indiqué el camino, nada más. Me ayudaste, lo sé. Gracias. No me agradezcas, seguí caminando. 

Mis piernas se entierran en el barro. Es pegajoso y tiene un horrible olor. Llega hasta mis rodillas. Trepa. Tiene vida propia ¿Qué esto, por favor? Me desespero. Mi corazón… silencio. Estoy cansada, mucho. Continuá. El barro me atrapa. Ahora llega a mi cintura. Ya estuve acá. No lo hagas, no te detengas. No puedo. El barro me hunde, me lleva otra vez al abismo. Se apodera de mi carne gris y me arrastra.
Ya no puedo. 

La luz se hace más débil. Se aleja. La niebla es más espesa y se torna negra. El barro pegajoso me llega hasta el pecho. No desistas, podés lograrlo. Estoy cansada. Los pinchazos me duelen, la carne me duele toda. El barro no me deja mover. ¡No te rindas, por favor! Soy una cobarde. Siempre lo fui. Por eso quizás la oscuridad me envolvió una vez. Por eso la luz se aleja. No me dejes solo otra vez. ¿Otra vez? ¿Cuántas leyes rompiste para ayudarme a ver esa pálida luz? Muchas. Pero lo merecés. Eso y más. No, no merezco nada bueno. Pertenezco a la oscuridad. Siempre lo supe. No desistas, no me abandones. Lo siento. Es más fuerte que yo. No puedo. La luz trae dolor, uno que no es de la carne. Un dolor anidado y viejo.

Hablame del dolor. No puedo, no quiero. Me invade, me hace suyo. Es preferible la oscuridad. No, no te vayas. Contame, por favor. Duele mucho. Me invade el pecho. Lo perdí. ¡Lo perdí! Sí, ambos lo perdimos. Él era… suave. Su perfume era como el caramelo. Era tan… Decilo, era pequeño e indefenso. Y se fue. No me obligues a recordar. ¡Él se fue! No quiero, no lo digas. Prefiero la oscuridad. No me dejes solo. Ya no podría soportarlo. Me duele mucho. Ándate, dejame. No me rescates más. Otro rayo aparece sin trueno. Silencio. Mucha oscuridad, demasiada. La niebla ya es negra, el lodo me tragó completa. Silencio del alma. Silencio del pensamiento. Mi carne se desintegra. La luz desaparece. Silencio de él. Pero sé que jamás se dará por vencido y volverá a rescatarme. Cuando yo haya olvidado, cuando las drogas me hayan hundido lo suficiente, él volverá y lo intentará y yo recordaré y resistiré y querré morir una y mil veces más. 

Autor: Misceláneas de la oscuridad – Todos los derechos reservados 2015

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