lunes, 1 de agosto de 2016

Psicópata





¿Y ahora qué hago? Esto no es real. No es real…
No llames la atención. Tenés que seguir con tu vida normal. Sos el primer sospechoso. Te van a interrogar, les va a decir que tenés una coartada y listo. No pongas esa cara de estúpido. Pensá. Pensá en algo que sea convincente. En realidad deberías haberlo pensado antes pero como sos tan boludo vas a tener que tapar los agujeros de la historia.” 

Yo no quise…no te escucho…no quiero escucharte.
Ya sé que no quisiste. Pero lo hiciste. A ver…podrías decir que estabas jugando a la play conectado a la red. Sí, podrías hacerlo. Cada noche hacés eso. Como si no tuvieses nada más para hacer. Ah no, pará: exactamente no tenés nada más para hacer. Sos tan inútil que termina siendo una buena coartada. Sí ya sé, soy muy duro. Pero te metiste solito en esto y el único que te puede ayudar soy yo. ¡No llores! Los hombres no lloran. No me hagas darte un sopapo porque soy capaz…”

No seas así conmigo…
Bueno, bueno. Tengo que ser así. Así somos los padres. Basta de lágrimas. Papá te ama, lo sabés. Es amor paterno. Nada raro. Vamos a ver que podemos inventar. Conmigo no podías estar…sería extraño realmente. No te creerían o te internaría de cabeza. Quizás eso sería una buena solución. Después de todo estás acá conmigo y no deberías hijo. Mejor repasemos los detalles, el horario. Porque si tenés que mentir, al menos que sea convincente. Contame, a ver…”

¡Basta! No estás acá, no estás acá. Esto no está pasando.
¿Podés parar un poquito? Pensá que es un ataque de estrés. Podría ser eso. Viniste a la casa de esta piba que te calienta y no te da pelota. Estudiaste con ella. Le quisiste dar un beso y ella te rechazó. ¿No fue así? Decime si no fue así.” 

¡Basta!¿Por qué aparecés ahora?
Porque me necesitás, boludo. Por eso aparezco. Porque sin mí sos un fracasado que se manda cagada tras cagada y no sabe arreglar nada. O tenés miedo de que te denuncie por lo que me hiciste, mariconcito. ¿No será que en realidad la pibita esta te encaró y vos te la sacaste de encima y ella que no es ninguna tontita empezó a llamarte putito? ¡Claro! ¡Así fue! Te llamó putito y vos la estrangulaste ¡con esas manitos femeninas que tenés!”

¡No soy gay! Te lo dije mil veces. Me gustan las mujeres. Una sola en realidad.
¿Y por qué la mataste entonces? Por lo mismo de siempre: porque sos un renegado invertido.”

¡Te digo que no soy gay! Ella…yo la amo. La amo tanto que podría explotar. Pero ella jamás... Ella me dijo que siempre sería mi mejor amiga. No quiero una amiga. Quiero una mujer. Esa mujer. Vos no entendés nada…
Entonces contame de una vez que me estoy impacientando.”

Te cuento y te vas. Jurame que te vas. ¡Jurá!
Está bien, lo juro”

Estábamos estudiando. Ella tenía puesta esa blusita que sabe que me encanta…lo sabe. Se hace la tonta pero sabe que me trastorna. Se le transparentaba el corpiño. Podía imaginar esas tetas en mi pecho. La deseaba desde siempre. Desde que la conocí. Pero solo éramos amigos. Eso era tan frustrante. Tan…me volví loco. Ella se acercó para explicarme no sé que mierda de matemáticas y pude oler ese perfume que siempre lleva. La imaginé desnuda y ya sabés que pasa cuando uno piensa eso.
Se te paró, boludo. Decilo que no es vergüenza. Sos macho. Eso significa.” 

Pará un poco… sí, me pasó eso. Me calenté y la quise besar. Me le abalancé en realidad. Fui torpe y ella se rio de mí. Entonces la tomé por la nuca y la besé como hacen los hombres. Como me explicaste papá.  Pero ella se quiso zafar. Me mordió y lo peor de todo me dio un cachetazo. Entonces la agarré del cuello y apreté con bronca. Con mucha bronca. Con la frustración de todos esos años que la esperé. Ella tenía que entender que así no se me trata. Apreté y apreté hasta que sentí un crack entre mis dedos, como cuando rompés un hueso de pollo… todavía lo siento en mis manos. Es una sensación extraña… entonces quedó toda floja. Con los ojos abiertos y sus labios azulados. ¡Juro que no quise matarla! Solamente…
Solamente querías que fuera tuya ¿no? Pero bueno las cosas son así. No tenés coartada. Y seguimos acá. En cualquier momento va a llegar alguien…”

¡No! Tenemos que hacer algo. Me tenés que ayudar.
Te escuchaba y me iba… ¿no te acordás hijo? Estás solo.”

¡Hijo de puta! No me vas a dejar solo. Te prohíbo que me dejes solo. No otra vez. ¿Querés que te pida perdón? ¿Eso querés? Fue un accidente. No sabía que el arma estaba cargada. Quería asustarte nomás. Por favor, no me dejes. Perdoname. Es que…me decías esas cosas horribles. ¿Cómo esperas que un hijo te quiera si le decís afeminado todo el tiempo? Yo no sabía qué significaba eso. No lo sabía. Y quise asustarte. No soy un asesino. ¡No lo soy!
Bueno, deja de lloriquear. Lo único que te queda por hacer es prender fuego todo. Dale. Me pareció ver un bidón de kerosene en el garaje. Rociala y prendela fuego.”

Y después ¿qué hago?
“No sé. Después tenés que vivir con esto como viviste con mi muerte a cuestas. Nadie te descubrió…”

Tenés razón. Nadie me descubrió.
Dale, movete. Prendé fuego todo.”

****************

Es lindo el fuego, pa. Me gusta cuando todo se pone naranja y lo malo desaparece. Gracias. Me diste un futuro a pesar de lo hijo de puta que fuiste conmigo. Fuiste el primero en mi lista. Fuiste el que me dio adrenalina. Esconderte fue difícil. No como ahora que el fuego consume todo y enmascara mis errores. Dejarte en aquel pozo ciego me costó, pero a fin de cuentas, pertenecías a ese lugar. A la bosta. Y ella pertenece al infierno por puta. Gracias, papá. Ahora solo me queda buscar otra presa, y disfrutarlo esta vez. 

Autor: Soledad Fernández (Misceláneas) – Todos los derechos reservados 2016

Silenciosa e inmaterial.

Dicen que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen. ¿Será verdad?, me pregunto. ¿Será posible que esté aquí mismo, jun...