jueves, 18 de abril de 2013

Un largo despertar


Ella abrió los ojos y notó que algo no estaba bien con su ser. Sentía un ardor intenso y profundo en una de sus piernas. Se quitó inmediatamente el cubrecama de encima y alcanzó a ver como la sábana que se encontraba por debajo, estaba manchada de sangre. Intentó sacarla pero la tela se había pegado a la herida por lo que de un tirón la arrancó y gritó con un aullido tremendo. Como observó con desesperación que comenzaba a sangrar intensamente, volvió a colocar la sábana en la herida y salió corriendo al baño para vendarse.
Se sacó la sabana, tomó coraje y miró el tamaño de la herida. Era realmente horrenda. Cruzaba en forma tortuosa todo el muslo derecho. Y al menor movimiento, aun el de la respiración, podía ver el lecho de semejante tajo. “¿Cómo fue que me hice esto?”, se preguntó aterrorizada. Su respiración se aceleró de golpe. Su corazón comenzó a latir alocadamente. Mientras lloraba y gritaba se colocó bajo la ducha intentando lavar lo mas posible semejante corte, pero la sangre corría y corría y ella comenzó a marearse. Tanta sangre perdió que sus ojos se nublaron y aunque intentó despertar, no lo logró. Entonces, su cabeza tocó el suelo y de un alarido se despertó.

Nuevamente estaba en su cama. “Fue un mal sueño” pensó. Se quedó un minuto más recostada para intentar olvidar semejante pesadilla. Pero era difícil. Había sido muy vívida, muy real. De alguna manera se asombró de cómo su mente trabajaba. Lo hablaría más tarde con su terapeuta para tratar de sacar alguna enseñanza de semejante experiencia. Finalmente se levantó y fue a la cocina a servirse una café. Cuando entró, vio como la mitad del piso de cerámico se abría en un abismo negro y sin fin. Nuevamente, un grito de terror salió de su garganta. ¿Qué era eso en su cocina? ¿Cómo era posible que semejante orificio se abriera camino justo en ese preciso lugar? Se frenó en seco para no caer y al mirar hacia la nada oscura, notó como unos pequeños humanoides trepaban rápidamente. Unos ojos penetrantes e inyectados de sangre la miraban, mientras ella intentaba retroceder. en su intento de fugar, tropezó con una silla y cayó al suelo. Se levantó rápidamente y quiso correr a la otra habitación pero ya era tarde. Uno de los humanoides saltó sobre su cuello y comenzó a morderla. Ella gritaba desesperada por auxilio, sin que nadie la escuchara. Mientras se ahogaba en su propia desgracia, grito una vez más y despertó nuevamente.

Volvió a abrir los ojos, desconfiada ya de la realidad. ¿Con qué mundo horroroso se encontraría ahora? Oscuridad. Parpadeó varias veces e intentó acostumbrarse a la penumbra y así lograr ver algo de los que estaba a su alrededor. Pasaron los minutos y comenzó a divisar el lugar. Era un cuarto pequeño, con ladrillos en las paredes, sin cubrir. Olor a humedad, intenso. Sintió unas manos que la tomaron del pecho y la arrojaron al suelo. Su cabeza golpeó contra unos barrotes de metal. ¿Estaba acaso en una celda? De nuevo sintió que la agarraban de la ropa y la arrojaban contra una pared. Ella lloraba. Era agotador no saber con que se iba a encontrar. “¿Qué te hice? Por favor no hice nada malo” gritaba para intentar frenar a su agresor. Una luz se encendió de golpe. El cuarto, ahora iluminado, se encontraba vacío y limpio. “¡Por Dios, me estoy volviendo loca! ¿Qué es todo esto? ¿Es acaso, algún castigo divino?” pensó aterrorizada. La luz se apagó nuevamente y todo se reinició otra vez, una mano que la tomó del pecho y la tiró contra los barrotes y luego contra la pared. “Es un sueño” se repetía una y otra vez, “Es un sueño…tengo que despertar”. Un golpe certero en el rostro la hizo despertar nuevamente.

Abrió los ojos y miró un cielo lleno de estrellas. El ruido del agua acompañaba a la calma reinante. Cerró sus ojos y al abrirlos otra vez vio niebla espesa y sintió cierta dificultad para respirar. Los cerró otra vez y al abrirlos, una vez mas la oscuridad se hizo presente. Pero esta vez, al extender la mano sintió una limitación, un tope y tocó madera. Estaba encerrada en un cofre de madera. Comenzó a golpear para que la escuchasen. Nada. Gritó desesperadamente. Nada. Rasguñó la madera, pateó y golpeó hasta perder todas sus fuerzas. pero era muy tarde, ya nadie la escuchaba. Ya no despertaría más del sueño. Ya no había más aire que respirar…










 Autor: Miscelaneas de la oscuridad

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