martes, 2 de julio de 2013

Una terrible historia de amor - Parte II

Parte II

El hijo de Greta ¿era de ese hombre? Muy conveniente o peligroso. En el estado en el que me encontraba no podía distinguir que sería bueno para mi relación futura con Fátima. Necesitaba hacer algo y pronto. Antes de que esa mujer bella y dulce se marchitara junto a ese cerdo que tenía como esposo.
-Es suficiente información- le dije a mi amigo.
En ese momento, creo que Juan supo que ya nada podía hacer para disuadirme de mi amor y mi pasión por Fátima… y creo que en realidad, a final de cuentas esa nunca había sido su intención. Y se lo agradecí desde mi corazón en ese momento. Nos levantamos y fuimos con las mujeres de la casa. Cuando entramos al salón allí estaba ella. El sol la iluminaba tenuemente y su belleza estaba exaltada. Podría jurar que en cuanto me vio, sus mejillas se llenaron de color.

Esa tarde no le quité los ojos de encima a Fátima y Juan, en varias oportunidades, me lo hizo notar aunque en un momento parecía divertirse con la situación. Entonces, disimuladamente, yo le preguntaba alguna tontería a ella para seguirla observando. Pero mi mente se encontraba a kilómetros de allí. Estaba tramando la liberación del amor de mi vida de manos del monstruo que era su esposo. ¡Tonto de mí! En ningún momento le pregunté a ella que deseaba. Pero si lo hacía y me decía que yo estaba loco o que no la molestara… ¿Qué haría entonces? Debía actuar solo y calladamente. Algo muy dentro de mí me decía que ella correspondía este amor prohibido.

Al día siguiente me dirigí al prostíbulo donde Greta trabajaba. Sin ganas y pensando en Fátima le hice el amor, si es que aún podía seguir llamando a tal suceso de esa manera. Lo hice varias veces ya que no debía levantar sospechas. Una vez finalizado el acto que fue bastante desagradable y dificultoso he de decir, prendí un cigarro y comencé una charla trivial. Ella dijo que extrañaba mi cuerpo, pero no me interesó. Fátima estaba en todos los rincones de mi pensamiento y yo necesitaba saber si el hijo de Greta era de Don Ocampo.
-Greta, escuché por ahí que tenés un hijo… ¿es verdad?
No iba a dar demasiados rodeos con eso, así que fui al grano. Ella dejó caer una lágrima y me contó una historia por cierto triste. Unos años atrás Greta había tenido un cliente muy acomodado. Ese hombre al parecer, se sentía frustrado con su mujer ya que no podían concebir un hijo. El creía que tenía algo malo, que era estéril. Al tiempo de sus visitas constataron que el problema no era de él. Pero cuando Greta le sugirió poner el apellido Ocampo a su niño, sólo recibió un golpe en el rostro y miles de insultos. Entonces, el niño fue dado en adopción ya que ella no podía cuidarlo. Me partió el corazón. El tipo era peor de lo que yo me había imaginado. Por lo que me reafirmó en mi decisión. Debía matarlo y desposar a su viuda.

Me fui de allí luego de pagarle a Greta por el servicio prestado. Tenía una rara sensación en el estómago así que fui directo a bañarme. Esa sería la última vez que visitaría a Greta, me lo prometí a mi mismo. La única mujer que tocaría sería Fátima. No habría otro ser en mi vida que no fuese ella. Cuando salí del lugar me pareció ver a alguien conocido…Juan. Me sorprendió ya que en más de una vez había criticado mi práctica. “Bien por él” me dije. Tal vez había dejado de ser mojigato de una buena vez. El no me vio salir de allí. Se dirigió directamente a Greta. Al parecer ella tenía una gran capacidad de convocatoria…

Mientras me dirigía a casa una pregunta rondaba por mi mente: “¿Cómo mataría a ese hombre si ni siquiera lo conocía?” Debía acercarme a él de alguna forma. Y en ese momento supe que necesitaría ayuda. Debía acudir nuevamente a Juan. Y por obvias razones, iría al día siguiente. Esa noche, amé a Fátima otra vez en mis sueños.

Al día siguiente, cuando entré a la sala de la mansión de mi amigo, para sorpresa de mis neuronas desesperadas, me recibió Fátima. El resto de la familia se había retirado a realizar diferentes diligencias, por lo que ella estaba sola. La devoré con la mirada mientras ella me explicaba los motivos de su soledad momentánea. La desnudé con mi vista y mi pensamiento la recorrió nuevamente una y otra vez. Eso me ayudó a quitar de mi mente a Greta. Le pregunte acerca de su esposo, así como al pasar. A que se dedicaba y donde vivía con él. Me sorprendió gratamente la cantidad de datos que me brindó. Me dio la sensación de que ella podía leer mis pensamientos y que el aporte de sus detalles era dado a sabiendas de mi plan siniestro. Sentí que ella me rogaba por su libertad y por mí. Por mi cuerpo que debía fusionarse al de ella lo más pronto posible. En ese momento estuve seguro de mis decisiones.

Tomamos el té y ella me contó que su esposo la vendría a buscar en una semana. De pronto me encontré invitándola a ella y a su consorte a cenar a mi residencia. Tenía una semana para planificar todo. En una semana ella sería mía para siempre…
Me despedí de Fátima con beso en su mano. Me llené de su aroma a mujer y me fui a casa a finalizar los detalles del plan.
La semana pasó como en cuentagotas. Cada día se me antojaba eterno y caprichosamente solitario. Sin embargo, el día fatal estaba a la vuelta de la esquina. El momento en que tomaría las riendas de mi destino ya estaba allí.
Cuando la hora llegó sólo estábamos mi hermana menor y yo. Ella siempre fue mi compañera de desventuras y la que conocía mis más oscuros pensamientos y deseos. También era ella quien me aconsejaba sabiamente a pesar de sus cortos años. Yo le había contado a medias mi plan. Y digo a medias porque omití la parte del final. Lo único que le dije fue que lo confrontaría. Que necesitaba de ella solo el entretenimiento a Fátima. Y accedió.
Las cocineras prepararon un exquisito banquete del que yo no pude probar ni una pizca por los nervios. Estaba alterado por el simple hecho de estar con ella en mi casa y con ese hombre al que pronto eliminaría. Era simple. En un rato lo llevaría con alguna excusa a la biblioteca y allí le dispararía en el corazón. Luego me largaría de allí con Fátima…

Cuando el momento propicio llegó, me levante de la mesa e invité a Don Ocampo que poco había dicho en toda la velada, a mi biblioteca. Le dije que quería mostrarle una nueva adquisición y el hombre increíblemente me siguió. Fátima se quedó con mi querida hermana. El plan marchaba a la perfección.

Don Ocampo se acercó a mis libros depositados en los numerosos estantes. La verdad, mi biblioteca era realmente de admirar. Cuando me dio la espalda, tomé el revolver que mi padre me había regalado unos años atrás. Un arma hermosamente decorada en plata. La saqué del cajón de mi escritorio, silenciosamente y le apunté. En ese momento tuve un instante de duda. Las fuerzas del bien y del mal se jugaron una batalla en mí y desgraciadamente el mal ganó. En ese momento, el hombre se dio vuelta y me miró con asombro.
-Esto es por Fátima…y por Greta…y por tu hijo no reconocido
Y disparé sin piedad.

Te preguntarás entonces, que pasó. Don Ocampo cayó desplomado en un charco de sangre. La muerte sobrevino casi inmediatamente. Me quedé quieto. El plan se había llevado adelante. El hombre estaba muerto. Entonces, tras escuchar el disparo llegaron mi hermana y Fátima.
Al entrar mi querida hermana gritó horrorizada. Nunca se había encontrado con un cuadro semejante. Ni siquiera en sus sueños. Pero Fátima…Fátima se acercó a mí, me miró con tristeza en el rostro y en el instante en que yo creí que lloraría o me diría algo, nada. Solo me arrebató el arma y se disparó.

¿Y que pasó después? ¿Además de que Juan heredó todo y se fugó con Greta? Fátima se convirtió en mi compañera, mi eterna pesadilla y mi perdición. Pero la verdad, no importa…ya no importa que pasó después. 



Autor: Miscelaneas de la oscuridad

Silenciosa e inmaterial.

Dicen que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen. ¿Será verdad?, me pregunto. ¿Será posible que esté aquí mismo, jun...