domingo, 17 de mayo de 2015

De tristezas y alegrías







Sube. Trepa desde mis pies hasta mi estómago. Va a la velocidad de la luz, lo sé. Es como una descarga que la tierra me da; una advertencia, casi un castigo. Llega y se anida allí en la mitad de mi cuerpo, como esperando. Y lo hace, espera. Se toma tiempo, como la venganza. Entonces, luego de unos segundos, explota. Es una bomba atómica dentro de mi cuerpo que hace estragos y marca el cuerpo, a fuego. Y no se detiene. Sigue trepando, más arriba y más. Llega hasta mis ojos los invade, los irrita. No hay forma de pararlo; surge. Brota, inconmensurable como el mar y con la fuerza de un tornado, de miles. Y me destroza aún más por dentro, me hace trizas. El cuerpo sufre, la carne grita. Yo estoy en silencio. Mis labios se contraen, pero no dicen nada.

La marea no se aplaca. Intento frenarla, contenerla, pero sigue avanzando. Los pensamientos se agolpan, surgen sin ser llamados. Utilizo todas mis fuerzas para apaciguarlos, para sofocar el sentimiento. No importa, no sirve. Llega a mi cerebro, se anida en mis recuerdos y va a estar allí por siempre. Y cada vez que se abra dolerá, y se ampollará y se hará cicatriz para nuevamente reabrirse y doler.

Y lloro mucho. Y me apeno. Las lágrimas brotan, también muchas, miles. Y mi cuerpo convulsiona  por el llanto y me libero.

Me siento liviana, puedo flotar. Si me concentro, podría volar. Pero dejo mis pies en la tierra, es que me provocó minutos antes. Y el cuerpo se vacía todo porque toda la tormenta se retira, como si hubiese renunciado. Como si la hubiese vencido. Y me siento mejor y ahora me invade otra cosa. Es agradable. Me hace cosquillas y siento mariposas. El llanto dio paso a la liberación y así pude dejar entrar a ese rayo de sol que me invita a ser feliz. Y también lo guardo, lo anido. Y la felicidad llega, aunque sea por un ratito. 

Autor: Misceláneas de la oscuridad - Todos los derechos reservados 2015
Imagen hallada en la web

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