miércoles, 12 de agosto de 2015

Agonía









El agua te rodea. Entra por tus poros, por entre tu ropa agujereada y sucia. ¿Qué pensás ahora? Ahora cuando el agua solo te acuna acompasadamente. Ahora que te hamaca de aquí para allá. Te balancea, te duerme. Aunque ya estás dormida. Porque minutos antes, esa misma agua helada te envolvió, se apoderó de tu cuerpo que luchaba por emerger. Sin éxito, por supuesto. Aunque ¿quién te puso ahí? ¿Acaso no fue decisión tuya? ¿Acaso no te tiraste de aquel puente de diez mil metros de altura? ¿Qué pensabas entonces? Seguramente querías ser libre, como las aves. Querías volar y sentir el cielo envolviendo tu cuerpo. Las nubes acariciando tu piel. Pero no tenías alas. Jamás las tendrás. 

Que, ¿no? ¿No fuiste quién se arrojó? Y ahora seguro sabés más que yo que te vi cayendo en picada libre. Sí. Te vi desde donde estoy, a unos cuantos metros de dónde vos estás ahora. No me mires así con esa cara de terror. Sabías muy bien lo que hacías, querida. Te vi caer como vi a tantos otros que se dan cuenta en el viaje final que eso no era lo que deseaban. Lo sé porque ese viaje final no era lo que yo imaginé. Yo quise terminar con el dolor. Y sin embargo… ¿Qué vos no querías eso? ¿Cómo puedo creerte si tantos me han mentido? Lo voy a pensar. Voy a intentar creer en tu palabra. Pero mi escepticismo tiene un origen. Siempre me han querido engañar. Siempre me han querido evitar. Pero es imposible eso. Es imposible evitarme. 

Escuché más de una vez que el fuego tiene una posesión demoníaca. Que su origen es el del inframundo. Determinante y contundente. Pero ¿y el agua? ¿Acaso no te destruye como el fuego? Quizás sea peor aún. El fuego en forma rápida mata cada uno de tus sentidos. Te nubla, te priva, te adormece y te anestesia. Incluso el humo te mata antes de que te consuma el fuego en sí mismo. Pero el agua… la fuente de la vida, dicen. La creadora, el caldo primordial donde todo comenzó. El agua se mete en tus pulmones, se apodera de tu oxígeno. Te provoca la muerte más dolorosa que puedas imaginar. El agua es el verdadero demonio. Uno disfrazado de fuente de la vida. El agua llega, te lleva, te envuelve y te aniquila. ¿Que si a mí me pasó eso? ¿Te parece acaso que eso fue lo que me consumió? No. Ni siquiera sabés quién soy. Soy ese espectador que aguarda a que alguien como vos caiga desde lo alto y se estrelle y se entregue o luche contra la corriente que avanza. Soy el testigo de cada uno de los que caen aquí. Soy quien les explica con amargas palabras que el fin ha llegado. ¿Que si llegó para vos? Por supuesto princesa. Tu final está sellado. Estás acabada como cada uno de los que logran hablar conmigo. Sí, sé que esto no es una charla común. Es tu última conversación. Así que podrás decirme lo que quieras. Total… 

Te interesa saber cómo llegué a este lugar ¿verdad? Pero ¿para qué querés saberlo? Tal vez cuando descubras mi verdad ya no me sigas escuchando o peor, tal vez se convierta en tu realidad y la odies como lo hago yo cada día. Pero insistís… ¡Ah! Curiosidad… hace siglos que estoy en este lugar recibiendo almas como las tuyas. No recuerdo en que momento comencé. No recuerdo como o porqué llegué. Pero si recuerdo la caída desde ese mismo puente. ¿Qué es ese puente? El puente de la vida, por supuesto. Pero uno nunca se acuerda de estar parado en él, en la cornisa. Al menos cuando el tiempo pasa, lo olvidás. Lo que sí recuerdo es estar volando en picada libre. Pensando en que de ahora en más, mi alma sería libre de dolor y pena. Pero me equivoqué. Todos se equivocan.

¿Te duele? La paz de la muerte dura poco aquí. Eso que te penetra el corazón y te parte en mil pedazos es el gusano que come las almas. Las agujerea. ¿El cielo? Aquí no existe el cielo. Aquí las tinieblas gobiernan y te llevan profundo, a un abismo que no tiene fin. Las nubes negras y malolientes te invaden y te hacen suya y el gusano te perfora y lastima. ¿Querés que se termine? Está en tu poder. Ya te lo dije. Estás aquí por decisión propia. ¿No me creés? Si alguien te hubiese empujado estarías arriba junto a los demás seres buenos y puros. Si hubieses sido mala estarías en la calidez del infierno, padeciendo. Pero no estás en ninguno de los dos lugares. Es triste ¿no? Sí, lo es. Sobre todo porque podrías haberlo evitado. Fue una decisión. Una decisión de porquería, pero tuya al fin. Si la vida te pesaba tanto hubieses hecho algo más. ¿Cómo qué? No sé. Recordá que yo pasé por lo mismo y no supe qué hacer. Al menos no hice nada diferente. Pero te aseguro que opciones había. Cambiar por ejemplo, mudarte. No sé. Estás aquí porque lo decidiste vos. 

Y ahora llorás. No lo hagas porque eso no sirve de nada. Dale, no llores. Sé que es doloroso todo esto. Sé que no tenías nada a qué aferrarte. Pero no es necesario tener algo o alguien. Con vos basta ¿sabés? Con tu persona, con tu vida aunque sea frágil es suficiente para ser feliz. O eso me dijeron. Nunca pude llegar a ese lugar. La felicidad, digo. Es un sitio desconocido para mí. Pero quizás algún recuerdito por ahí se te filtra y no sé, quizás hayas sido feliz en algún lugar. ¿Sí? Y entonces ¿qué hacés acá? 

Me piden que definas. Que se hace tarde, que esto está llevando demasiado tiempo. Debo apoderarme de los girones de tu alma. Debo entregarla al siguiente demonio. Ya no puedo hablarte más. Es hora. Es el momento indicado. El segundo donde todo se vuelve irreversible y ya no habrá vuelta atrás…

Abrís los ojos y emergés de la bañadera. Emergés del agua rojiza donde segundos antes tus muñecas se habían abierto poniendo en relieve lo frágil de tu existencia. Salís con estrepitosa violencia, asustada, arrepentida. Respirás hondo varias veces, aferrándote a la vida, al instinto de supervivencia que hay en cada ser humano. Recordás la voz, recordás el terror, el abismo y la oscuridad. Recordás el dolor de la agonía y entendés que la vida, a pesar de todo y en comparación, puede ser incluso bella.

Autor: Misceláneas de la oscuridad - Todos los derechos reservados 2015

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