domingo, 12 de junio de 2016

Luces



Es la primera vez que Maxi ve las luces de la noche. Las de la ciudad. Y como todo aquel que descubre algo nuevo, se queda petrificado, casi idiotizado observándolas. Es tan diferente de donde vive que duele…

Hoy Maxi acompaña a su papá. Antes nunca lo hizo porque era chico. Aunque tiene la misma edad que ayer o que la semana pasada. Pero el tiempo es diferente para él. Y en su casa siempre hubo peleas y discusiones acerca de Maxi y la noche. “Es muy chico, Carlos”, era el argumento de la madre. Pero ella sabía que tarde o temprano iba a perder esa guerra. Porque cada día se hacía más necesario ayudar a su padre. Porque él solo ya no podía. No rendía.

“Yo voy mamá”, había dicho Maxi en la tarde mientras tomaban mates lavados con mucha azúcar y un pedazo de pan. Su mamá lo miró con tristeza, y algo en su pecho se contrajo de angustia. Aunque comprendió lo que estaba pasando. Su hijo no quería más discusiones, no deseaba ver como ella ponía el cuerpo siempre. Sobre todo cuando Carlos estaba con algunas copas de más y los cachetazos volaban para todos lados. También a donde estaba Maxi, pero su madre se interponía y nunca llegaba a tocarlo. Quizás ella tenía miedo de que estuviera solo con su padre de noche. De perder a su hijo de diez años.   

Aunque Maxi era muy maduro. Demasiado quizás. Él había escuchado a su mamá llorar muchas veces. También había escuchado a su papá amenazar con dejarlos. ¿Y que harían sin él? Sería una catástrofe mayor a la que vivían ahora. Mayor que cuando a su papá lo echaron del trabajo. Mayor que cuando tuvieron que dejar el departamento que alquilaban. Mayor que vivir dónde habían conseguido vivir: cuatro chapas en un campo lleno de ranchitos. Lleno de barro y sin luces en la noche.

Pero claro, Maxi no tiene recuerdos de las épocas buenas. Él era chiquito cuando la catástrofe tocó a su familia. Cuando el sistema dejó afuera a tantos. Y entre ellos su papá. Lo único que Maxi conoce de aquellos años, son las historias de su madre. “Antes estábamos bien. Papá trabajaba y yo te cuidaba. Éramos felices. Papá no tomaba…y había luces por todos lados”

Y la madre le señalaba el horizonte. “Ves ahí, a lo lejos, ahí está la prosperidad. La buena vida, hijo.” Lo inalcanzable. Y Maxi observaba las luces, embobado. Observaba la prosperidad que nunca volvió a su casa.


Un relincho lo saca de sus pensamientos semiamargos. Parpadea varias veces, pero sigue viendo las luces en sus ojos. No se van. Con ojos llorosos se da vuelta, mira a su papá. Sus ojos también son tristes. Pero está acostumbrado a verlos así. Entonces va hasta el carro, se sube y junto a él van en busca del próximo cartón tirado en la calle. 

Autor: Soledad Fernández (Misceláneas) - Todos los derechos reservados.
Imagen hallada en la web

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