domingo, 25 de septiembre de 2016

Ups…lo podría hacer otra vez.





¡Qué nervios! Jamás creí estar así. ¡Qué pelotuda! Ese cura de mierda tiene la culpa. “No debe haber secretos entre los cónyuges” ¡para qué lo escuché! Estoy segura que Mariano no me dice toda la verdad. Nadie dice toda la verdad. Nunca. Además ¿qué sería “Toda la verdad”? No existe. Pero debería… y si quiero decirle ¿Cómo lo hago? Aunque ¿justo hoy quiero? ¿Por qué no lo hice antes? Mirá que tuve tiempo. Pero siempre lo mismo. Todo para último momento. ¿Y ahora? 

Enfocate en el vestido y dejá de pensar pavadas. Sí. Eso es más importante, más lindo. Me queda pintado. El tul quedó bárbaro así fruncido arriba de la falda de raso. Y esas lentejuelas italianas…maravillosas. La tipa sabe lo que hace. La tiene súper clara. Pero no hay que halagarla demasiado porque enseguida te mata con el precio. Hay que tenerlas ahí, cortitas. Como decía mamá: dales lo justo. Ni más, ni menos. El precio justo, el halago razonable. Pero le llevó tiempo. Y yo que no me decidía si quería todo blanco o combinado. O las flores acá o allá. Soy vueltera en todo. Como con el peinado…si es recogido parezco mi abuela en los años treinta. Si lo dejo suelto no combina con el vestido. Vueltas y más vueltas. Eso mamá no lo tenía en cuenta. Por eso. Mejor le pago primero y después le hago un buen cumplido. La tipa me tuvo demasiada paciencia. 

¿Y él? Él también me tiene paciencia. A veces soy una pendeja de mierda. Me doy cuenta. Pero también sé que se lleva un buen ejemplar. Un minón. Estoy de diez. Ni una arruga, no tengo celulitis. Estoy buena. Todos lo saben. Su amigo lo sabe. Su amigo… 

Pero volviendo a las justas cosas… él va a ser mi esposo. Se merece lo justo. Aunque ¿qué sería lo justo? ¿La verdad? ¿Una mentira blanca? ¿Una omisión consciente? No sé. Es demasiado. No sé si me perdonaría algo como eso. No sé si yo le perdonaría algo parecido. Ya sé, ya sé. Una vez me dijo “Nada de tu pasado me va a molestar porque está en el pasado. Ya fue” y me agarré de eso. Me agarré de lo que me convenía. Ojos que no ven…

Pero sé que si le cuento se va todo al carajo. No puedo ni pensarlo. Porque encima me acuerdo de él. De ese amigo. La gente no debería tener amigos que sean tan lindos. Tan sexys. Ningún prometido de vería tener amigos que cojan tan bien. Pero así como son buenos en el sexo, son idiotas en la vida. ¿Por qué fue tan boludo? ¿Por qué no se calló la boca?…si se bancaba ese puesto del otro durábamos un montonazo. Pero no. Quiso más. Y amenazó. A mamá no se la amenaza, se la mantiene feliz nomás. Yo tengo claro lo que quiero y lo que quiero es casarme con un Racebanch no con un Pirulo o como se llame. Un don nadie. Él era un don nadie. Una insignificancia que tenía buenos abdominales y que conocía mis puntos G…todos los puntos G. Era la gloria en eso. Admitirlo no es la muerte de nadie. Bueno…en sentido figurado. 

Por ahí podría decirle eso a mí Mariano: “Mirá amor, maté a un hombre. Yo no sabía que podría matar, pero lo hice". Simple. Básico. “Nadie se enteró ni se va a enterar. No lo conocés y fue hace mucho”. Una mentira piadosa al final, pero absolutamente necesaria. Él jamás haría las conexiones necesarias. No le da para tanto. Está lleno de plata pero también es estúpido. Y está embobado conmigo. Pero por las dudas tengo que prevenir. Jamás pensaría que me deshice de él, de su gran amigo. O que lo hacíamos en la habitación de al lado, cuando se dormía con dos o tres cervezas encima. Y si lo pregunta siempre está a mano el cuento del abuso “Él quiso abusar de mí”. Con lágrimas obvio. 

Sí. Esta noche se lo digo…y si sale mal… Ups…podría hacerlo otra vez y me convertía en viuda con gran rapidez. 

Autor: Soledad Fernandez (Misceláneas) – Todos los derechos reservados 2016

Silenciosa e inmaterial.

Dicen que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen. ¿Será verdad?, me pregunto. ¿Será posible que esté aquí mismo, jun...