domingo, 18 de marzo de 2018

La decepción




Maka observa el agua del mar que baña sus pies. El reflejo del sol, como si se tratase de un mensaje codificado, repiquetea caprichoso en las olas. Quizás el destino quiere comunicarse, decirle algo como aquella vez. Pero ¿qué podría ser? Ya no quiere escuchar más nada. Solo la llamada del descanso eterno, más adelante. O un llanto nuevo, una sonrisa.

Los caracoles rotos giran al son de la marea. Sus pensamientos vuelven siempre a los mismos sitios, a él. La vida es retorcida, misteriosa y no siempre termina siendo como la pensamos. Sonríe. Todavía no le encuentra explicaciones a aquella tarde.Si no hubiera ido a la kermesse….

Mientras el agua sigue su incesante baile, piensa en ese verano. Y es así, cada verano ella vuelve al mismo lugar. Quizás para entender, quizás para recordar los momentos previos. Esa felicidad inocente, la que te da ignorar ciertas verdades. Quizás para darle sentido a su presente.

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Dale Maka. Vamos a pasar la tarde al parque. Llevamos algo fresco para tomar y unos pasteles…
Joaquín no es un hombre atractivo. Pero tiene cierta presencia, cierta prolijidad en la forma de vestirse, de hablar.
No sé… quiero ir a caminar a la playa, Joaquín.
No seas así, amor.

Él sabe que con ese tono logra ablandarla. Aunque también sabe que está tirando de una cuerda que puede romperse. Hace cinco años que están casados y el viaje surge en medio de una tormenta. Y esa sensación de lo que se escapa y lo que no se logra está muy presente, flotando en el aire
Además no vamos a dejar a Marcos solo…

Joaquín la abraza y ella cede. Siempre cede a los caprichosos rebusques de su esposo. Tal vez porque no quiere estar sola, tal vez porque no quiere discutir más. Ella tenía 37 cuando se conocieron. Era soltera y eso no estaba bien visto. Su familia, en realidad, no lo veía bien. Y él, estaba disponible. Era un solterón bien ubicado social y económicamente, un buen partido. Los presentaron y se casaron. Aprendió a amarlo, de la forma en que se aman las compañías y el buen trato. Y junto a él, vino Marcos, su mejor amigo. Los tres supieron divertirse. Hasta que llegó esa necesidad maternal de dejar descendencia. Y ahí la cosa se complicó.
El día es maravilloso, Maka ¿viste?

Ella camina en silencio, pensativa. Quiere sacudirse esa sensación de enojo pero le cuesta. Siempre le costó salir de los pozos depresivos. Los llamaba así. Caía y el mundo se le venía encima. Marcos se acerca y la abraza.
No te enojes tanto, que la vida es maravillosa él le da un beso en la mejilla y ella sonríe. Al final, Marcos siempre la sacaba de su mal humor. Tenía esa capacidad. Quizás tenía más capacidad que su esposo de lograr ciertas cosas.

Siguen caminando y llegan a la Kermesse. Hay muchas parejas, jóvenes, sentados con sus mantas en el suelo. Ríen, charlan, bromean. Maka se siente un poco fuera de lugar. Siempre le pesa su edad, pero hoy decide no hacerle caso a sus pensamientos.
Juguemos a “Verdad o consecuencia” grita uno de los jóvenes y todos se ponen en ronda para recibir las preguntas. La pregunta en realidad. A todos los participantes le preguntan lo mismo y si no desean contestar…bueno ahí está la inventiva para sortear las prendas.

El cielo se nubla, y el viento se hace más intenso. Los árboles silban, pero nada importa. La juventud es así, piensa Maka que preocupada mira el cielo. “¿Cuál es tu secreto más oscuro?”, silva la pregunta que atraviesa a los tres. 

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Joaquín ve caminar a Maka. Van a la bendita kermesse. Ella no lo recuerda, pero fue su idea. Él si se acuerda…de todo y ahora es el villano de la historia. Está cansado de esas situaciones que son frecuentes. No puede con su amargura, la de ella. Hace meses que está así y sin embargo hay otras cosas que lo perturban. Marcos parece que está como si nada. Siempre con esa vitalidad asombrosa. Son amigos desde siempre. Desde niños. A veces…no sabe qué hacer con él. Tal vez debería decirle que hasta ahí llegan, que necesita espacio. Pero no puede hacerle eso.

En el parque, las jóvenes están alborotadas y el humor de Maka parece más oscuro en comparación. Joaquín intenta poner su mejor cara y divertirse con el juego. Hace años que no juega a verdad-consecuencia. La última vez era un adolescente, igual que Marcos. Llega su turno ¡Cuál es tu secreto más oscuro? Enseguida elige la consecuencia porque jamás podría confesar qué le pasa. Nadie lo entendería. Maka mucho menos y la verdad que con lo del bebé que no llega, sería abrumarla aún más. Entonces acepta el reto y se ponerse de cabeza y hace equilibrio.

Maka lo mira, está seria mientras que el resto grita y aplaude.
Sonríe pero al ver a su esposa, el peso y la tristeza de ella, se apoderan de él.

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Marcos observa a sus amigos. No puede entender el malestar que sienten. Es tan evidente la crisis entre ellos y él está en el medio. “Tienen todo y son infelices”, piensa. El aire del mar es tan vigorizante para él que solo quiere correr y saltar. Pero recuerda lo del embarazo que no se da y solo se acerca para abrazar a Maka. Siente cierta ternura por ella, por la tolerancia que tiene ante la imposición de Joaquín de llevarlo a él a todos lados, como un trío. Ella le sonríe y eso le hace sentir mejor. 

Cuando llegan al parque, se sienta junto a Maka. Aplaude como loco al ver las virtudes de su amigo en lo que a piruetas se refiere y espera su turno. La misma pregunta le hace pensar en qué es lo más oscuro y observa a sus amigos. Jamás podría decirlo sin lastimarlos, sin exponerse. 

Entonces viene la pregunta y él también elige la consecuencia. “Tenés que besar a la esposa de tu mejor amigo… ¡en los labios!”, dice una joven y todos gritan y aplauden. 

Sin dudarlo, Marcos toma la cara de Maka y le estampa un beso. Un beso de esos que podrían ser dados a una mascota o a una pared. Él vuelve a su lugar, sonriente, radiante en realidad por haber sorteado una “bala”. La sonrisa es su mejor disfraz. Siempre lo fue. 


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Maka, sentada en la arena entremezclada con pasto siente que todo se torna raro, pesado. Mira a Joaquín que está ausente. Lo conoce bastante. Ella sabe cuándo las cosas no están bien. ¿Qué sería aquello que no quiere decir? Pensar que su esposo tiene un oscuro secreto es demasiado para ella ahora. Y Marcos… cuando él la besó fue tan extraño. Casi como besar a un hermano.  ¿Se habrá molestado Joaquín?, se pregunta ¿Por qué? Qué estupidez, piensa. Le toca el turno a ella, ahora, y siente los nervios de punta, en el estómago. No le gusta nada el juego. Está incómoda. 

Un trueno rompe la calma de la naturaleza y los jóvenes se alborotan aún más. La tormenta se acerca y Maka siente que necesita huir de ese lugar, pero no puede. Su cuerpo no le responde. Mira a Joaquín otra vez. Algo cambió en él. Está serio. Pero no sabe por qué. “¿Cuál es tu secreto más oscuro?”, le preguntan a ella y por supuesto elige la consecuencia. No puede decir delante de todos lo infeliz que se siente. No puede decirle a todos que quiere ser libre, estar en otro lugar. Que si no tiene un hijo prefiere morirse.  Que a veces no puede ni respirar de la angustia que siente. “Tenés que nadar denuda en el mar”, le dice una perniciosa mujer. Quizás espera ver su floja carne, sus excesos expuestos ante todos. Quizás quedarse ahí ya es demasiada exposición. Sin embargo, todos corren a la playa. Corren durante un largo trecho, la empujan, la llevan ellos mismos. Le sacan la ropa y desnuda, Maka no tiene más opción que zambullir su humanidad en el agua. 

A lo lejos, Joaquín observa serio. Marcos se le acerca. Discuten. El agua está helada. Maka flota desnuda. En otro momento, en otra vida eso hubiera sido sexy. Sin embargo, solo puede ver a la distancia como su realidad se rompe a pedazos y lo peor: no entiende de qué se trata. ¿Todo por un beso? Piensa hasta dónde puede llegar la inseguridad de su esposo. Jamás la había celado, y ahora discuten por un insulso beso. 

Llega la noche y cenan en silencio. Los tres. Maka, juguetea con la comida mientras ensaya un discurso, en silencio, para abordar a su esposo. Necesita entender esos celos, el malentendido. Sin embargo, él sale a caminar. Joaquín cree que el aire del mar y la arena bajo sus pies pueden poner en orden sus pensamientos. Camina durante un largo rato y vuelve justo cuando empieza a llover. Necesita poner las cosas en su lugar.

Ella trata de esperarlo despierta, pero el sueño la vence. Abre los ojos y es de madrugada; está sola. Afuera llueve copiosamente. Siente la preocupación en su pecho: ¿Y si le pasó algo?, piensa. Tal vez se quedó en el living, descansando en el sofá porque no quiere compartir el lecho con una esposa traidora. Lo busca, mientras observa las cortinas de la casa que flotan. Afuera el cielo se enciende de tanto en tanto por los relámpagos. Cierra las ventanas y llega hasta el comedor. Desértico. Va hasta el living y está igual. ¿Dónde estaría Joaquín? Maka se desespera. Siente culpa, aunque no puede definir el porqué. Tal vez Joaquín adivinó su secreto, aunque ¿Cuál sería el suyo? Tal vez que no la ama, quizás que es muy celoso. Quizás tiene una amante.

Marcos está despierto, sentado en la cama. No puede dormir luego de la discusión que tuvo con Joaquín. No se vio venir el planteo que él le había hecho por la tarde. “Todo por un beso”, piensa. Quiere llorar. Se arrepiente de haber ido, de querer a su amigo como lo quiere. De sentir que con ellos dos tenía una familia. Las horas pasan, la tormenta se hace intensa. “Por la mañana me voy”, se dice. Pero alguien golpea a la puerta y él se levanta para abrir. 

Maka camina por la casa, como un fantasma. El silencio la acompaña y los truenos que son cada vez más intensos. Va hasta la habitación de Marcos. Necesita hablar con él. Preguntarle. Quizás Joaquín observó algo, en ese beso. O tal vez Marcos conozca el oscuro secreto de su amigo. Piensa de nuevo en el beso: “Yo no sentí nada”. Él puede…lo conoce desde siempre. Incluso desde antes de ella. Sí, él podría poner un manto de serenidad entre ambos y hacer que las cosas funcionen. Maka golpea y abre la puerta. 

Un rayo cae cerca y el ruido es ensordecedor. La luz se corta, pero aun así Maka puede ver y se queda estupefacta, parada en la puerta de la habitación de Marcos. Allí está Joaquín con él. Maka entiende de inmediato su oscuro secreto, el de ambos. Joaquín quiere explicar pero ella no necesita explicaciones, ya vio suficiente. Sale corriendo, se sube al auto y maneja sin parar. 


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¿Vamos ma?

Maka observa a su hija. Es una hermosa mujer que pronto la hará abuela. Treintaicinco años pasaron de aquella noche, de aquella enorme decepción. Siempre sintió que si él hubiera ido con la verdad quizás las cosas habrían sido tan diferentes. Sin embargo, la vida es eso, se repite Maka. Tres décadas habían pasado ya del descubrimiento más bizarro acerca de la vida amorosa de su esposo. No supo más nada de él. Aunque aquella noche triste, se llevó algo más que amargura. Un vientre lleno de amor. Una aventura diferente, nueva, a estrenar. 

Autora: Soledad Fernández (Misceláneas) - Todos losd erechos reservados 2018