martes, 15 de septiembre de 2015

La muerte en tus manos









Caminás descalza por toda la casa. Vas de un lado a otro, desesperada, sin rumbo. Las cosas no se acomodan en tus pensamientos. Lo que era ya no es, lo que iba a ser jamás será. 

Te frenás frente al espejo. Observás tu reflejo, la amargura de tus ojos, la tristeza de tu expresión. La frase que llegó a tus oídos minutos antes, te puso en jaque. A vos y a tu existencia. Tu mundo, ese que dabas por sentado que existía y que jamás cambiaría, ya no será el mismo de ahora en más. Sentís que los sueños, los proyectos que tenías planeados solo se transformaron en vanas ilusiones, vacíos deseos. Y el pecho se te contrae. Y las lágrimas brotan de a montones. 

Te sentás en un rincón alejado de la casa; en el piso helado, en el patio de atrás. Tu falda floreada, esa que te pusiste en la mañana porque la primavera ya había llegado, toca el suelo lleno de tierra y pelusa. Se mancha de pena y desesperación, de tierra mezclada con lágrimas. Pero ya no importa. Ya no. La felicidad de la mañana rápidamente se extinguió. 

Tu cabeza siente el peso de la vida, de los años, de la existencia. Tus cabellos oscuros, largos y despeinados, se enredan con una tela de araña caprichosa y desenfadada. El insecto, ajeno a tus pesares, se posa en tu pálida piel y comienza a tejer un capullo a tu alrededor. Te abriga con suavidad y sentís que al menos ella quiere protegerte de algo. Aunque es vano, al menos por ahora. 

Tu entorno se modifica. La tristeza lo cambia. Comenzás a mezclarte con la naturaleza. De a poco, te mimetizás con lo que te rodea. Con la enredadera que te comienza a tocar, que desciende por la pared y te acaricia la mejilla. Que tira brotes que se enredan en tu pelo y juegan con tus rulos. Que se enrosca en tus brazos y se transforma en hermoso brazalete color esmeralda. Que te abraza como nunca nadie lo hizo y te acompaña como nadie lo ha hecho jamás. 

Y el sol se vuelve brillante y poderoso, solo para vos. Para que no te conviertas en hielo y bruma. Para que no desaparezcas en el éter por la tristeza y la soledad. El sol te da sus mejores rayos que repiquetean en tus pies y los mantiene cálidos y bronceados. 

De a poco reaccionás y salís de tu estado de petrificación. Una mariposa que revolotea se acerca con timidez hasta donde estás. Te roza con sus alas, se posa en tus manos y anida en tus delicadas palmas. Sus alas son naranja, tornasoladas e intensas como la pena que sobrellevás. Y se mueven lentamente al son de tu respiración. Sabés que está agonizando. Que ella, como vos, agoniza en una vida que a veces es injusta. Y la escuchás morir y sentís su partida. Ella muere en tus manos. Ella deja de ser en vos. La muerte está en vos, en tus manos, en la mariposa que descansa eternamente de una vida intensa y breve. Y entendés que solo ese es el final. La muerte es el real fin. 

Entonces, tus neuronas comienzan a hacer conexiones, a mostrarte recuerdos maravillosos. Recuerdos de tu vida sin él. Momentos que construiste solo vos. La vida que tenés, la persona que sos. Porque no lo necesitaste para ser quién sos. Porque sola te convertiste en una gran persona. Y una sonrisa se te escapa casi sin querer. Entre la risa y el llanto suspirás. Y extendés tus manos con la mariposa muerta. La brisa la eleva y se la lleva al infinito, a su eterno descanso. Y continuás con las manos elevadas en son de agradecimiento. Agradecés  a la naturaleza, a la madre tierra, al universo. Les agradecés tu existencia y la de la mariposa que ya se fue. 

Te levantás y sacudís tu falda floreada. Secás tus lágrimas y recogés tu pelo oscuro. Te colocás una flor en la cabeza y comenzás a bailar. Bailás la danza de la vida. Y te enredás en las telas de arañas y te envolvés en la enredadera. Y por este breve instante sos feliz. Porque ya no importan las malas noticias de novios traicioneros o de amigas ausentes. Porque la vida es tuya; y el mundo con vos en él, es mucho más hermoso de lo que nadie puede imaginar.

Autor: Misceláneas (Soledad Fernández) – Todos los derechos reservados 2015
Imagen hallada en la web

domingo, 6 de septiembre de 2015

Deseos





Levantó la mirada y allí lo vio. Al final del sinuoso camino, entre tinieblas y árboles secos, entre rocas volcánicas y un manto de neblina, se encontraba a la espera. Detrás de las miles de ramas esqueléticas y sin hojas, aguardaba con paciencia por el encuentro. Parpadeó varias veces, como si tratase de despertar de un sueño que llevaba siglos soñando. Y allí, en la cima de una montaña, arriba, en lo alto, observarlo le provocó escalofríos. Era una figura aparecida de la nada, casi dibujada por el destino. 

La luna blanca, brillante y gorda iluminó el camino. En contraste, la neblina se quedó baja, al ras del piso, ocultando lo prohibido, lo macabro. Ocultándolo. Calculó que el recorrido era largo, quizás inalcanzable; pero en definitiva, luego de transitar la irremediable distancia que los separaba, se encontrarían. Después de todo, luego del mundo, luego de dar paso tras paso, se verían cara a cara, nuevamente. Y en ese instante reconocería el horror de su mirada de fuego, el ardor de sus manos esqueléticas, la tristeza del frío en el alma. Reflejado. ¿Le molestaba? No. Había esperado ese encuentro durante tanto tiempo que, lentamente, la ansiedad lo había carcomido. Lo había transformado. Ahora era una cuestión personal. Ahora se parecían demasiado…

Le echó una mirada. Estaba envuelto en sus ropas, en esas túnicas que una vez habían sido claras, inmaculadas. Prácticamente no podía verle el rostro. Pero no lo necesitaba. Tenía muy claro a quién se enfrentaba. A ese que siempre posponía todo. A ese que se escabullía en los confines de la Tierra. Se enfrentaba al que, de a una, le había quitado todas las cosas más hermosas de la vida. Le había arrebatado el amor, la felicidad, la amistad. Lo había despojado de lo más básico: de una vida. Porque allí, atascado como estaba, no podía decir que tenía una vida. Era un infierno viviente, un limbo cotidiano. 

Su existencia se había transformado en un mero vagar por el mundo, en una sombra agónica, en una pena constante. Se había transformado en su empleado. En uno horroroso que obedecía órdenes de una lista casi mágica. Aunque de magia nada tenía. Era la ley de la vida. “Es mentira que traigo paz”, le gritó desafiante y el eco de su voz rebotó hasta en los lugares más remotos del universo. Era mentira, sí. Cada día podía ver el horror en los ojos de los otros. La agonía, el pánico por lo desconocido. Por ese futuro incierto del que se despedían para transformarse en un objetivo cumplido. En la no existencia. En la determinación del fin. “Nadie les dice la verdad…”, gimió luego de que su amo y creador no emitiese un sonido. 

Dio un paso, el primero. Quería amedrentarlo o aunque sea, necesitaba ver alguna reacción. Pero él no se movió. Sino que esperó devolviéndole el desafío, esperando a que lo tome, a que luche. “Me entregaste esto, me prometiste poder, me dijiste… tantas cosas que no fueron reales.” Pero él no le contestó. Quizás no lo escuchó. Quizás todo se resumía a esa frase: me prometiste poder. Un poder que tenía en sus manos. Un poder único que ejercía pero que no le daba paz. Había recibido de él, el poder de quitar, de cercenar. Y ya no lo quería. Ya no deseaba ser eso nunca más. 

Elevó su mano lo señaló como señalaba a cada una de su víctimas. Le mostró el brillo del metal esperando que reaccionase como todos lo hacían. Espero la tristeza, la resignación o una mueca. Sin embargo nada pasó. Sabía que el traspaso del poder era irreversible. Ya no había remedio.
Bajó la mirada agobiado. Observó la tierra que ya no era suya. Sus pies que ya eran otra cosa. Los yuyos agónicos, la niebla que ni se atrevía a tocarlo. Quiso llorar pero las lágrimas ya no le pertenecían. Levantó sus ojos y miró las túnicas de su contrincante. Estaban manchadas. Había sangre y barro. Marcas de manos de los condenados, de aquellos que otrora habían rogado por clemencia. 
Pero no habían hecho el ritual del arrepentimiento. Algo se le contrajo en el pecho. Quizás una pena antigua, quizás después de todo tenía un corazón. Pero dudó. Dudó porque lo cierto era que él mismo había deseado eso. Él mismo quiso ser eterno, quiso ser el dueño del poder que ostentaba. La ira y el rencor, incluso la pena, se fueron apagando lentamente. La resignación se abrió camino y se acomodó en el lugar donde antes la ansiedad y el resentimiento habían gobernado. Suspiró vapor, sus ojos se encendieron con una llama violácea. Lo observó un segundo más y la furia se disipó en el aire. 

La Parca, entonces, dio media vuelta y derrotada se retiró. Continuó vagando por la tierra, quitando almas, mirando el horror en los ojos de los otros. No pudo reclamarle nada a su eterno contrincante porque después de todo, Él muchos siglos atrás, solo había cumplido con su más íntimo deseo. 

Autor: Misceláneas (Soledad Fernández) – Todos los derechos reservados 2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Él










―¿Qué buscás? ¿Qué querés de mí?
―Tranquilízate… soy yo…
―¡No me digas lo que tengo que hacer! Sé quién sos ¿Qué querés?
―Nada… quizás salir… no sé.
―Andate. No te necesito. Ya no. Puedo solo…
―Está bien… si así lo deseás me voy.
―Sí. Así lo deseo.

 El silencio invade la habitación. Durante mucho tiempo Mariano no supo que era esa palabra: silencio. Era una utopía, un lugar inalcanzable en su universo de tinieblas. Por culpa de Él nunca pudo encontrar la paz ni la felicidad. Por Él su vida había estado plagada de desgracias. De soledad. Sobre todo de soledad. Una amarga y oscura. Pero ahora ya podría, solo. Ahora que lo había echado era su momento y no lo desperdiciaría pensando en Él. No. Ahora estaría mejor que nunca. Libertad.

 Mira por la ventana. Está abierta. La brisa nocturna mueve suavemente las cortinas baratas del lugar. Se asoma. Es un largo trayecto hasta el suelo. Minutos antes había considerado arrojarse, pero ya no. Ahora tiene una perspectiva diferente, un futuro. Luego de su decisión, de aquella sanguinaria decisión, sabe que estará bien. Respira hondo. La habitación está en el décimo piso y aún siente que el aire le duele al entrar porque segundos atrás había corrido escaleras arriba sin piedad, sin parar. Aterrorizado. Pero ahora está mejor. Se lo repite una y otra vez para convencerse. Está bien porque lo echó, lo expulsó.

 Mira otra vez. Es muy alto incluso para alguien como él. Para alguien que vivió toda su vida en la cornisa, en el borde de la insania. Saca una de sus manos intentando palpar la distancia. Es imposible, lo sabe. Pero lo intenta. Siente que el abismo lo succiona, que clama por él. Enseguida se aparta. Quiere sentirse a salvo. Ahora quizás pueda.  “No sos tan valiente como parecés”, escucha una voz ronca y su corazón se acelera por la adrenalina y el terror. Instintivamente busca algo con que defenderse y solo encuentra una lámpara vieja. Está encendida pero no le importa. La toma y se da vuelta para confrontar a su agresor. Pero se encuentra con la habitación vacía y en penumbras.
  
Como siempre está solo. “Te dije que me dejaras solo…”, dice titubeante. Sabe que no es Él. Sabe que es alguien más, otra voz. Aunque no está del todo seguro. Nunca lo está. Quizás es otro ser que se suma a la interminable lista de personajes. De esos que quieren destruirlo. Uno de los tantos que Él deja entrar cuando la situación se pone tirante. Siempre fue así. Cuando todo se ponía mal Él traía refuerzos y alguno de los personajes llegaba y se instalaba para atormentarlo hasta que aflojase, hasta que volviese a acunarse en la voz de Él. Por eso sabe que una nueva voz nunca es algo bueno. Esa presencia, esa voz no es un alma gentil. Es un ente oscuro, perverso. Porque a fin de cuentas ¿qué otra cosa podrían ser? Y quieren dañarlo, lastimarlo.

 Una risa, una carcajada espantosa resuena entre las cuatro paredes. Por instinto se aleja de la ventana y sin soltar la lámpara camina hasta uno de los rincones. Está todo en penumbras, excepto por la lámpara. Su espalda choca con la pared. Entonces Mariano entiende que no hay a dónde ir, que no hay escapatoria. Al menos no una como cualquier ser humano esperaría encontrar. Mira su entorno, intenta calmarse. Ya conoce la situación por más terrible que sea. La conoce por haberla vivido más de una vez. Y aunque le cuesta ver con nitidez ese entorno, puede sentir. ¿Qué tipo de vida es esa? Una cruel, una dolorosa. Otra carcajada. El corazón de Mariano está desbocado por el terror. Ahora que lo piensa Él, su otra voz, era una presencia, algo que le deba cierto coraje.

 Pero ahora, se sentía desprotegido, abandonado. En algunos momentos de su vida de miserias, Él le hizo compañía. Incluso le dio consejos. “Esa mujer no es para vos, Mariano. Ella anduvo con todos los tipos de la ciudad. Es una arrastrada, una sucia mujer sin escrúpulos. No podés amar a un pedazo de carne como ella. Te merecés mucho más que esa prostituta barata. Por qué no la hacés tuya y después…”
  
Así había comenzado su martirio. Al creer que Él era la buena compañía, alguien en quien confiar, le permitió un lugar en su mente. Y Él la carcomió como un gusano que pudre todo lo que toca. Y sí que destrozó su cabeza. Luego de la prostituta barata siguió Manuel. Aquel joven fue el único amigo de verdad de Mariano. Sin embargo jamás pudo ver ese hecho. La voz era celosa. Él le marcaba todo el tiempo que su amigo no era tal. Que algo buscaba, que todo era por interés. Y se dejó persuadir, porque a fin de cuentas, Él era el único que lo acompañaba siempre.

 Pero un día todo cambió. Una voz apareció y allí las cosas se complicaron. Hubo discusiones y altercados. Noches de furia y sueños trastornados. La voz en este caso era de mujer y Mariano se convenció de que se trataba de aquella prostituta. Que ella había llegado para vengarse de sus actos, de su muerte a manos de él. Ella estaba triste. Ella era depresiva y siempre quería morir. “¿Por qué la invitaste?”, gritaba Mariano en sus noches de insomnio. Pero Él no contestaba cuando ella aparecía. Y Ella era incansablemente destructiva, oscura. Con cada palabra le hacía sentir las tinieblas, la infelicidad.

 La vida se tornó agónica para Mariano y una noche quiso sacarse la voz definitivamente de su cabeza. Al principio no supo cómo pero luego de deliberar consigo mismo durante horas, una madrugada de tormenta tomó un picahielos y decidió terminar con sus malos compañeros. Sabía que, si lo hacía con cuidado, llegaría a esa porción mínima de su cerebro que guardaba la voz de Ella y tal vez, con suerte, la de Él. Lo sabía, aunque no quiso pensarlo demasiado. No fuera que Ella o Él apareciesen para arruinarlo todo. Esa noche se sentó en la cama con una botella de licor. Luego de varios sorbos a la botella, tomó el instrumento salvador y lo observó. Brillaba como su futuro, como la posibilidad de una vida en silencio, con voz propia. Introdujo el picahielos en su nariz y con un martillo pequeño comenzó a dar golpecitos certeros. Golpe tras golpe, centímetro tras centímetros, las voces se fueron acallando al son de la sangre derramada. Cuando llegó el momento de Ella, Mariano cayó inconsciente y despertó cuatro días después en un charco de su propia sangre.

 Feliz con su hazaña, salió del departamento y comenzó a recorrer la ciudad. Las luces eran diferentes, intensas y de colores jamás vistos. El silencio reinante era ahora su nuevo amigo. Y pasó el día caminando. Y las horas volaron hasta que la noche llegó. Entonces para su desgracia Él comenzó a hablarle, otra vez. “¿Te creíste que me matarías así de fácil?”. Y se rio de Mariano que desesperado comenzó a correr sin rumbo fijo, mientras que Él le gritaba lo inútil y despreciable que era. Ya no había palabras dulces, ni celos por los otros, ni consejos vanos. Ahora era agresivo. Y dolía en el alma y en la cabeza.

Luego de correr incesantemente durante casi toda la noche, Mariano se metió en un viejo hotel para resguardarse, pero ¿de qué? ¿De su propia conciencia? ¿De sus delirios? Ya nada tenía sentido. Ahora la desesperación era su consejera. Subió corriendo las escaleras. Con terror y ahogado llegó hasta el piso más alto y allí fue hasta la ventana abierta. Quería tirarse, terminar con todo. “¿Qué buscás? ¿Qué querés de mí?” Silencio. Una carcajada…

Mariano con la lámpara en su mano está a la expectativa de esta nueva voz. Por primera vez le teme. Tiene pánico de enloquecer en manos de la nueva presencia. ¿Es nueva? Sabe que está en su cabeza ¿lo está? Sin embargo, en el extremo opuesto de la habitación ve algo. Ese algo acecha, espera. Las gotas de sudor corren por la piel de Mariano, empapan su ropa. Piensa en cómo llegó hasta ese lugar. Piensa en el picahielos, en que todo se sentía demasiado bien. Se acuerda de estar tirado, agonizando. Su mano tiembla. La lámpara pesa una tonelada. ¿La tiene en la mano? Sabe que si la luz se va todo termina. Sabe que si titubea, los demonios lo harán suyo. Sabe…

Mariano se desvanece. La lámpara cae. Oscuridad. Alaridos.

Misceláneas de la oscuridad (Soledad Fernández) - Todos los derechos reservados 2015

Premio Liebster Award


 ¡Es un placer compartir con tod@s ustedes este premio! Se trata del premio "Liebster Award".
He recibido esta nominación y premio a través de José Carlos García y su blog La burbuja literaria.

Las normas de este premio son las siguientes:
-Agradecer al Blog que te ha nominado y seguirlo.

-Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
-Nominar a 11 Blogs que tengan menos de 200 seguidores.
-Avisarles de que han sido nominados.
-Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.


Las preguntas que me María me ha hecho y que yo hago a mis nominados son las siguientes:

1) ¿Cuánto tiempo llevas con el blog?

Llevo 2 años con el blog y 3 con la escritura.

2) ¿Recuerdas el libro que te enganchó a la lectura?

Annie la Huerfanita de editorial Billiken. Me lo regalaron mis padres cuando tenía 9 años. Desde entonces no paré de leer.

3) ¿Cuál es tu personaje ficticio favorito?

Sherlock Holmes. Poirot. Bella de Twilight je

4) ¿Has leído algún libro de terror? ¿Te gustó? ¿Te daba miedo?

He leído muchos libros de terror, y me encantan. Me encanta Poe y Lovecraft ademas de King

5) ¿En alguna ocasión has dejado un libro sin terminar?

Si, varios

6) ¿ Te gustaría escribir alguna novela?

Estoy en eso actualmente

7) ¿Alguna vez has soñado con algún personaje literario?

Si... me soñé dentro del Jorobado de Notre Dame (de la historia no del jorobado jeje)

8) ¿Algún autor con el que establezcas una relación de amor/odio?

No realmente

9) ¿Me recomiendas que visite algún blog literario en especial?

Todos los blogs que he nominado, así como el de la persona que me nominó para este premio.

10) Si fueras a una cena y pudieras elegir a 3 personas literarias que te acompañaran... ¿cuáles elegirías?

Pues elegiría a Stephen King, Cook, y a Agatha Cristie.

11) Por último... ¿podrías darme algún consejo para mejorar mi blog?

Escribir y corregir y corregir y corregir y vover a corregir jeje Y nunca desistir


Y a continuación, procedo a nominar a los 11 blogs con menos de 200 seguidores. En algunos casos he escogido gente que supera esos 200 seguidores, pero he considerado que eran dignos de la nominación por las sensaciones que me despiertan sus blogs. Por otra parte, aunque con algun@s de vosotr@s aún no he tenido contacto, vuestros blogs me han gustado gustado y espero conoceros poco a poco. Pues bien, mis 11 blogs nominados son:

http://thejuanitosblog.blogspot.com.ar (the juanito´s blog) - Juan Bassagsteguy

http://karlosdearma.blogspot.com.ar - Carlos Dearma

http://pensamexos-inconientos.blogspot.com.ar (Pensamexos Inconientos)- +Elliot Nimoy

http://eltatuajedesallypersson.blogspot.com.ar (Rincón Literario) +John Madison

http://letrasdelatimer.blogspot.com.ar (Alejandro Luna escritor) +Latimer Luna

Relatos oscuros de Federico Rivolta

Las letras suicidas de Campanilla Feroz

Rincón creativo de Edgar K.Yera de Edgar K.Yera

http://www.nuevoviajeaitaca.blogspot.com.es de +Marisa Domenech

http://escritoramama.blogspot.com.es de María Campra peláez

http://rizaval.blogspot.com.ar (Palabras Narradas) de +Ricardo Zamorano Valverde

Felicitaciones a todos!!!