El
pequeño se acercó al soldado. Lo miró con inocencia en los ojos, con la
inocencia que sólo la niñez puede dar. Le tomó el arma y a cambio, le
ofreció su oso de peluche. El soldado, endurecido por ver tanta muerte
en esa guerra absurda, sintió que su corazón
se llenaba de una inmensa tristeza y se partía en dos...ese niño, allí
solito, le ofrecía lo más preciado para él, mientras que minutos atrás,
él, cumpliendo su deber militar, le había quitado todo...y aún asi, no
había rencor en el corazón de ese pequeño ser. La angustia fué
reemplazada por una paz infinita y por compasión. Tiró el arma, alzó al niño en sus brazos y se fue
con él, caminando hacia la puesta del sol...
Autor. Miscelaneas de la oscuridad
Evidentemente aún creo en la compasión de los seres humanos y en el poder de cambio....
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